Con afán de mejorar la calidad de vida de los estos menores, Chile, en octubre de 1999 modificó la Ley de Adopción, normada por la Ley Nº 19.620 y el Convenio de La Haya sobre Protección del Niño y Cooperación en Materia de Adopción Internacional, con el objetivo de asegurar la calidad de vida de los niños acogidos, creando verdaderos lazos afectivos, psicólogicos y emocionales entre la nueva familia y el niño que se incorpora a ésta. Sin embargo, esta última modificación conlleva disponer de más tiempo para llegar a la adopción final, puesto que los futuros padres deben ser evaluados por el Sename o por otra institución acreditada por ellos. Estos trámites comprenden distintas evaluaciones con diversos profesionales, asistentes sociales y psicólogos, a cargo de realizar un informe final para saber si los postulantes a padres cumplen a cabalidad con todos los requisitos para adoptar un niño, quien pasará a ser al estado civil de hijo, con todas los derechos de un hijo biológico y desligándose totalmente de su familia de originen. No obstante, el ir en busca de una mayor calidad de vida para el niño, sus posibilidades de adopción va disminuyendo a medida que cumplen años. Así es como el gobierno ha debido crear centro de acogida, para cubrir las necesidades de los niños que no son adoptados.
La ley de la Convención de los Derechos del Niño, en su artículo 21, establece que “los Estados que reconocen y permiten la adopción cuidarán que el interés superior del niño sea la consideración primordial y de que estén reunidas todas las garantías necesarias para asegurar que la adopción sea admisible”. No obstante, en el afán de encontrar un hogar adecuado, muchos de los menores, mayores de dos años, quedan fuera de prioridad de adopción.
Para que un niño pueda ser adoptado debe ser declarados en “abandono”, y pasar a ser parte de una lista nacional de niños en condiciones de adopción. Todo lo anterior, siempre y cuando los padres biológicos se hayan desligado de toda responsabilidad, delegando sus deberes y derechos al estado, en ningún caso, pueden ellos –los padres- por sí solos, entregar a un hijo en adopción directamente, puesto que esta práctica llevó a muchas adopciones ilegales e incluso a la venta de niños fuera de Chile.
La adopción enfrenta dolorosos prejuicios desde la comunidad en general. Factores como los genes, la discriminación por no ser un “real” miembro de la familia, son motivos constantes de menoscabo al niño, incluso y en gran parte, desde el círculo más cercano de los adoptado, como familiares, amigos y vecinos. Actualmente, todavía no somos una sociedad preparada para la diversidad, que nos aleje de los cánones convencionales. El tema de la adopción en Chile dejará de ser un “tema” cuando eliminemos los prejuicios y las diferencias hacia la gente que tiene menos oportunidades y le brindemos una oportunidad a quienes por encontrarse en una condición diferente a la de nosotros son marginados de la sociedad.
La ley de la Convención de los Derechos del Niño, en su artículo 21, establece que “los Estados que reconocen y permiten la adopción cuidarán que el interés superior del niño sea la consideración primordial y de que estén reunidas todas las garantías necesarias para asegurar que la adopción sea admisible”. No obstante, en el afán de encontrar un hogar adecuado, muchos de los menores, mayores de dos años, quedan fuera de prioridad de adopción.
Para que un niño pueda ser adoptado debe ser declarados en “abandono”, y pasar a ser parte de una lista nacional de niños en condiciones de adopción. Todo lo anterior, siempre y cuando los padres biológicos se hayan desligado de toda responsabilidad, delegando sus deberes y derechos al estado, en ningún caso, pueden ellos –los padres- por sí solos, entregar a un hijo en adopción directamente, puesto que esta práctica llevó a muchas adopciones ilegales e incluso a la venta de niños fuera de Chile.
La adopción enfrenta dolorosos prejuicios desde la comunidad en general. Factores como los genes, la discriminación por no ser un “real” miembro de la familia, son motivos constantes de menoscabo al niño, incluso y en gran parte, desde el círculo más cercano de los adoptado, como familiares, amigos y vecinos. Actualmente, todavía no somos una sociedad preparada para la diversidad, que nos aleje de los cánones convencionales. El tema de la adopción en Chile dejará de ser un “tema” cuando eliminemos los prejuicios y las diferencias hacia la gente que tiene menos oportunidades y le brindemos una oportunidad a quienes por encontrarse en una condición diferente a la de nosotros son marginados de la sociedad.
